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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

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La carrera:

Tras el himno de estados unidos se oyó el pistoletazo de salida y empezó a sonar el “New York New York” de Sinatra…. Así terminaba la última entrada del blog y así empieza esta.

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Ya estábamos allí, después de tantos kilómetros de entrenamiento nuestro sueño había comenzado, estábamos corriendo por el “Verrazano Narrows Bridge”, salimos los últimos para no molestar a la gente que tenía un ritmo mejor que el nuestro (todos, porque salimos en la primera oleada) y gracias a eso pudimos ver la cantidad de gente que corre esta carrera, IMPRESIONANTE. Tuvimos la suerte de salir por la parte alta del puente y pudimos ver unos cuantos helicópteros alrededor y barcos lanzando agua a presión hacia arriba con sus mangueras, las vistas del skyline de Manhattan eran impresionantes, y podíamos ver lo lejos que estaba la meta. El puente es mucho más largo de lo que parecía, unos 3 km, en los que ya pudimos adelantar a algunos que se paraban a hacer fotos y grabar videos, esto ya nos hizo entender que a esta carrera se viene a disfrutar y no a hacer tu mejor marca. Esta primera parte se corre sin público, y te permite disfrutar del momento sin distracciones, has sufrido mucho para conseguir estar allí y el momento es muy emocionante.

nyc-marathon-athletics-a58f2330cf1fc7df-2new-york-marathon-verrazano-puente-aerialBrooklyn:

Una vez cruzado el puente llegamos a Brooklyn y aquí lo único que puedo decir es !!!!INCREIBLE!!!!, no puedo describir lo que sentimos cuando entramos en Brooklyn y vimos la cantidad ingente de personas que había animando, parecía que fuésemos los primeros de la carrera más importante del mundo llegando a la meta. Todo el mundo nos saludaba, (aquí debo hacer un inciso y decir que tengo serias dudas acerca de que fuese la primera vez que Óscar estuviese en New York y más concretamente en Brooklyn, todo el mundo le llamaba por su nombre y le animaba, teníais que verle ir de lado a lado para chocarle la mano a todo el mundo, calculo que hizo unos 2 km más que yo en toda la carrera, a mí sin embargo me llamaba por mi nombre muy poca gente, pronunciándolo bien sólo uno al que haré mención especial más adelante, inconvenientes de tener un nombre tan raro…). Fuimos chocando la mano a todo el mundo que nos lo pedía  y por culpa de la emoción Óscar se torció un tobillo pisando un botellín de agua que no había visto, aunque también gracias a la emoción no le empezó a doler hasta bastante más adelante.744260-1044-0024s

Continuamos cruzando Brooklyn y el número de gente animando no disminuía, nos llevaban en volandas, íbamos al ritmo planificado ( 6 min/km) y salvo el percance del tobillo, no había noticias de nuestras lesiones. En este punto ya habíamos entendido porqué la gente dice que al maratón de New York hay que ir a disfrutar y no a hacer marca, ¿cómo íbamos a renunciar a saludar a un niño que nos llamaba desde el otro lado de la calle intentando pronunciar nuestro nombre por no perder unos segundos?, ya volveremos al de Bilbao donde en la última vuelta no había ni un alma saludando que te hiciera perder tiempo. Los kilómetros van pasando poco a poco sin sufrir en exceso, continuamos con la planificación de geles e hidratación y comiendo algún plátano que nos da la gente que está animando (es increíble la cantidad de gente que te va ofreciendo agua, fruta, pañuelos para el sudor… de manera totalmente altruista, estamos en uno de los barrios pobres de la ciudad pero la gente te da lo poco que tiene).

Queens:

744272-1346-0033sLlegó el momento de abandonar nuestro querido Brooklyn (barrio del que Óscar es hijo predilecto) y cruzar el Pulaski Bridge para adentrarnos en Queens, el puente nos volvió a permitir reflexionar un poco, evaluar cómo andábamos de fuerzas y de dolores y planificar el resto de la carrera, yo iba muy bien pero a Óscar le empezaba a doler el tobillo y las rodillas y empezaba a estar cansado. En Queens había bastante menos gente que en Brooklyn y al parecer Óscar no había pasado por allí en sus visitas clandestinas a la ciudad, porque le animaban lo mismo que a mí más o menos. Una vez cruzado Queens llegamos a otro de los puntos icónicos de la carrera, el Queensboro Bridge, donde desaparece el público y lo único que escuchas son las pisadas de cientos de corredores. En este punto ya llevábamos unos 25 km en las piernas, la primera parte del puente es cuesta arriba y te obliga a bajar el ritmo, Oscar ya andaba jodido y se le notaba, pero estábamos a punto de entrar en Manhattan, la meta estaba cerca y el público nos iba a volver a dar un fuerte empujón.

Manhattan:

744274-1183-0014sPor fin entramos en Manhattan, ya sólo faltaba pasar por uno de los cinco barrios por los que pasa la carrera, y aquí nos pasó una de las anécdotas de la carrera, adelantamos a un tío sin camiseta que iba corriendo votando 2 balones de baloncesto y !habíamos tardado 25 km en adelantarle!, sin comentarios… La entrada en Manhattan fue similar a la de Brooklyn, pasas de ir sin nada de público en el puente a encontrarte con un montón de gente animando, son momentos que nunca olvidaremos.

Nos dirigimos rápidamente a First Avenue, una interminable recta que nos llevaría hasta el Bronx. En esta zona también había mucha gente animando y me encontré con la única persona en todo el recorrido que fue capaz de pronunciar bien mi nombre (no quiero parecer racista, pero además era negro!!!)y no tuve más remedio que cruzar media calle con una gran sonrisa en la cara y chocarle la mano.

Estábamos siguiendo a rajatabla nuestra planificación de geles e hidratación e iba siendo hora de parar a descargar algo de líquidos, así que al grito de ¡una paradita para una meadita! (recordando al mítico Mingo), nos fuimos a unos baños portátiles que había a un lado de la calle, mientras esperaba a que se quedasen libres aproveché para darme un gel en los gemelos sin darme cuenta de que después me tenía que tocar la minga y definitivamente no fue una buena idea, me pasé unos cuantos minutos con un buen picor de partes bajas…

En esta zona recuerdo escuchar varias canciones de estas que te motivan y acelerar un poco más de la cuenta, pero ya se encargaba Óscar de pegarme un grito para que no me escapase.

A medida que iban pasando los kilómetros íbamos notando más el cansancio, ya quedaba menos para la meta de Central Park pero todavía teníamos que pasar por el último barrio, el Bronx.

744276-1120-0041sBronx:

Para entrar al Bronx tuvimos que cruzar el Willis Ave Bridge, que tiene una pequeña cuesta, y Óscar volvió a decirme (como en cada cuesta) que yo le había dicho que el recorrido era llano, llano era, pero con alguna cuestecita ;).

Esta era una de las zonas donde menos público había y aunque era corta se nos hizo bastante larga, Óscar tuvo que parar a estirar y a mí se me empezaron a subir los gemelos mientras le esperaba, estuve a punto de pedirle la silla de playa a un anciano que estaba sentado viendo la carrera. Le dije a Óscar que si volvía a parar yo iba a seguir corriendo, porque no podía arriesgarme a que se me subiesen los gemelos y acabar la carrera andando por el dolor.

Pasado el breve recorrido por el barrio del Bronx, cruzamos el Madison Ave Bridge y volvimos a nuestra casa: Manhattan

Manhattan:744302-1073-0037s

Ya iba quedando menos, estábamos de nuevo en Manhattan y íbamos por la quinta avenida y de nuevo había mucha gente animando, Óscar no estaba pasando su mejor momento y yo trataba de animarle para que no se parase, pero en el km 37 aproximadamente ocurrió lo inevitable, el dolor no le permitía seguir corriendo y tubo que pararse a estirar… le choqué la mano y le dije ¡nos vemos en la meta!.

Aquí las historias se separan, cada uno tenemos que contar la nuestra.

Gaizka:

Traté de aumentar un poco el ritmo pero sólo pude hacerlo un poco, aunque no estaba demasiado cansado las piernas me empezaban a fallar.

Esta zona estaba repleta de gente, con banderas de todos los países y un montón de pancartas de todo tipo, animando a familiares y amigos o a los corredores en general.

Central Park:

La entrada a Central Park fue increíble, no cabía un alfiler entre el público, ¡llevé los 744290-1132-0013spelos de punta durante 2 kilómetros!, aproveché un par de cuestas abajo para acelerar un poquito y me preparé para salir bien en las fotos, chupete del Athletic en la boca, cascos fuera y a sonreír! Había sufrido mucho para llegar hasta allí y tenía que salir guapo en las fotos que iba a enseñar a la gente durante toda mi vida.

La verdad es que el último kilómetro se me hizo largo, no paraba de mirar a mi alrededor tratando de no perderme ni un solo detalle de lo que rodeaba, había ido a New York para disfrutar de este momento y lo estaba haciendo a tope. Cuando encaminé la recta de meta me acordé de todos los que me habíais apoyado, sin todos y cada uno de vosotros no hubiese llegado hasta aquí. ¡¡¡Gracias!!!

La entrada a meta fue increíble, todo el mundo aplaudiendo y animando, gente de todos los países aplaudiendo a un montón de desconocidos que por una u otra razón habían decidido emprender un reto personal y correr un maratón, y allí estaba yo, un 744325-1227-0039stío de Bilbao que un día se propuso correr el mejor maratón del mundo junto con su hermano, rodeado de un montón de desconocidos que le sacaban la mayor de las sonrisas mientras cruzaba la meta.

Nada más cruzar la meta (con el chupete en la boca dedicado a mi niña Lucía), me dieron la ansiada medalla de finisher, no me lo podía creer, después de tanto esfuerzo la tenía en la mano. Lo primero que hice fue sacarme una foto mordiéndola al más puro estilo Nadal y mandársela a todo el mundo que nos estaba animando a través del whastapp.

744342-1123-0003sMi tiempo fue 4:35:23, 18 minutos más lento que en Bilbao, pero no me preocupaba en absoluto, habíamos ido allí para disfrutar a tope y lo estábamos haciendo como locos, aunque unos meses antes no me lo hubiese creído, en New York el reloj pasa a un segundo plano.IMG_1194

El grupo de la familia, después de felicitarme, me fue informando de cómo iba Óscar y finalmente me dijeron que ya había llegado, le busqué entre la multitud y allí estaba, con cara de agotado pero sonriente como si le acabase de tocar la lotería, nos dimos un abrazo y nos sacamos algunas fotos para mandárselas a la gente. Me hubiese gustado entrar a la meta juntos como lo hicimos en Bilbao, esta vez no fue posible, pero la vida siempre da dos oportunidades y volveremos a intentarlo de nuevo.

744451-1034-0035sUna vez se pasó el subidón empezamos a pasar frío, la manta térmica que nos dieron servirá para tapar a los de los accidentes de tráfico, pero calor, lo que se dice calor, no da mucho.

Después nos dieron un poncho muy chulo sin mangas que abrigaba un poco más pero aun así era insuficiente, además de que había que hacer un master en contorsionismo para ser capaz de abrocharlo.

Fuimos lo más rápido que pudimos al metro, andando como Chiquito de la Calzada pero en cojo, y nos fuimos a casa a descansar, que nos lo merecíamos.

El plan era quedarnos todo el día tirados en casa descansando, pero la adrenalina no nos lo permitía y nos fuimos a un bar cercano a comer unas pizzas y tomar unas cervezas paseando orgullosos nuestras medallas. El plan incluía una siesta, pero la adrenalina seguía en nuestros cuerpos así que decidimos salir a dar una vuelta y trapiñarnos unas hamburgueses de competición, al fin y al cabo nos las habíamos ganado ¿no?

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Ese día volvimos pronto a casa porque realmente estábamos muy cansados, y los días siguientes los utilizamos para hacer turismo y conocer la noche Neoyorkina con la inestimable ayuda de César que nos enseñó los mejores garitos y las mejores fiestas universitarias.

En resumen, como esperábamos fue una aventura inolvidable, pero no sólo la carrera o el viaje en sí, sino todo el periodo de preparación, con sus altibajos de moral y forma. Nos hemos demostrado a nosotros mismos que con esfuerzo y dedicación somos capaces de hacer lo que nos propongamos y eso nos hace estar muy orgullosos y preparados para cualquier reto que la vida nos ponga por delante.

Pero como no podía ser de otra manera, la historia no acaba aquí, unos tíos de Bilbao cuando acaban un reto buscan otro y habrá muchos más por el camino, pero en el horizonte nos espera volver a correr el maratón de New York 10 años después, en 2023.

¡Dicho queda!

¡Nos vemos en las metas!

¡Y en los bares!

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Hoy hace un año que cruzamos la meta de Central Park y sí, sé que hemos tardado mucho en escribir esta entrada, ¿más vale tarde que nunca no?.

Pero tengo una excusa, no sé si os parecerá buena o mala, pero es la mía, como sabéis lo mío nunca han sido las letras y no me sentía capaz de transmitir en unas pocas palabras todo lo que sentimos durante esos 42.195 m, de hecho aún sigo sin sentirme capaz, pero escribir este post me parece la mejor manera de poder recordar de la mejor manera posible esta aventura.
Como va a ser imposible que consiga escribir de una manera estructurada todo lo que recuerdo, lo que voy a hacer es soltar todo lo que se me ocurra e iré añadiendo cosas a medida que las recuerde o encuentre la mejor manera de transmitirlas.
Voy a empezar por el final para que no se me olvide:

Agradecimientos:
– A mi hermano Óscar, sin él hubiese sido imposible que ahora pueda enseñar con orgullo el cuadro conmemorativo que tengo colgado en el Txoko de mi casa. No estaba atravesando su mejor momento, pero ahí estuvo en todo momento animándome para que entrenase y picándome con apuestas que él sabía que tenía perdidas. Esta vez me tocó hacer de hermano mayor y cuidar de él en la carrera ( y en el viaje) pero ¿para eso están los hermanos mayores no? él me lo ha demostrado muchas veces.
– A Paloma y mi niña Lucía, no recuerdo cuantas veces me pude acordar de ellos a lo largo de esas interminables 4 horas 35 minutos y 23 segundos, pero fueron muchísimas, especialmente en la recta de meta !cómo me hubiese gustado que estuviesen allí para verme conseguir mi reto!
– A mis padres, que siempre están ahí cuando los necesitamos y nos dieron muchos ánimos.
– A TODA nuestra familia, no voy a decir nombres porque no me perdonaría olvidarme de ninguno, estábamos muy lejos pero os aseguro que vuestros mensajes de ánimo fueron capaces de cruzar el charco y llevarnos hasta la meta.
– A Cesar, que amablemente nos prestó su casa e hizo de cicerone en el viaje.
– A los Tragabirras que nos acompañaron en muchas de nuestras carreras de preparación.
– A TODOS nuestros amigos, aquí tampoco me voy a permitir que se me olvide a nadie, vosotros sabéis quienes sois y cuanto os agradezco vuestros ánimos durante toda esta aventura.
Bueno, voy a dejarme de sentimentalismos y ahora sí, voy a empezar por el principio.
Semanas previas al viaje:
Como era de esperar mi preparación no se acercaba ni de lejos a lo que tenía planeado, pero esta vez tenía claro que no me podía pasar lo mismo que en el maratón de Bilbao, tenía que entrenar distancias largas, y poco a poco lo fui haciendo, pero a 10 días de la carrera tratando de completar un entrenamiento de 32 km me empezó a doler el gemelo, forcé más de la cuenta en lugar de parar cuando empezaron las molestias y finalmente en el km 30 tuve que parar por miedo a lesionarme.
Así que al día siguiente, a 9 días de la carrera, estábamos los dos hermanos en el fisioterapeuta tratando de que hiciese un milagro y consiguiese que fuésemos capaces de acabar la carrera…
La suerte estaba echada, ya no nos quedaba nada más que organizar todo lo que teníamos que llevar, metimos todo lo indispensable para la carrera (zapatillas, camiseta, reloj, inscripciones…) en la mochila que llevaríamos encima para evitar disgustos si nos perdían alguna maleta y ya estábamos listos para emprender el viaje.
El Viaje:
Allí estábamos, después de tantos preparativos había llegado el día, estábamos en el aeropuerto de Barajas con el billete en la mano y con los nervios propios de un niño que se va de viaje por primera vez. Óscar nunca había cruzado el charco y yo ya había estado una vez en New York así que yo iba un poco más tranquilo, de hecho, los nervios le pasaron una mala pasada a Óscar y se dejó olvidada la tablet en el arco de seguridad, ¡empezábamos bien el viaje!, menos mal que un par de días después nos confirmaron que estaba en objetos perdidos.
El avión estaba lleno de gente que iba a correr o ver el maratón, y como en todos los sitios había muchos frikis, recuerdo uno que hasta llevaba puestas las mallas de correr…
Gracias al amigo Cesar teníamos un buen plan nada más llegar a la Gran Manzana, ¡una fiesta universitaria de Halloween!, y cuando llegamos a su casa nos recibió con un cubata (eso es un anfitrión y lo demás son tonterías…), llevábamos un mes sin beber para preparar el maratón pero una invitación así no se puede rechazar, así que nos lo tomamos y nos fuimos a la fiesta. Como el disfraz no tenía bolsillos no llevamos el DNI así que nos tocó volver a casa a por él porque el tío simpático de la entrada dijo que yo no me parecía al italiano que salía en la foto del que conseguí prestado. Una vez conseguimos entrar, la anécdota de la noche fue que la gente pensaba que íbamos disfrazados de victimas del maratón de Boston en lugar de corredores zombies, y no les hacía mucha gracia nuestro disfraz.

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El día siguiente lo utilizamos para pasear un poco por la ciudad, estirar un poco las piernas corriendo por Central Park e ir a recoger los dorsales, el tinglado que tienen montado alrededor del maratón es impresionante, eso sí, todo enfocado a sacar pasta, te cobraban absolutamente por todo, y no precisamente poco, pero bueno si habíamos llegado hasta allí no era para andar mirando la pasta así que recogimos nuestros dorsales, nos hicimos unas fotitos y pagamos un pastón por las fotos oficiales (aunque tengo que reconocer que mereció la pena).

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El sábado era el día de relax, así que por la mañana dimos una vuelta, nos tomamos unas cervecitas (sin alcohol) y nos fuimos a comer pasta a casa y a descansar. Por la tarde preparamos todo lo necesario para la carrera, volvimos a comer pasta y nos acostamos pronto para descansar todo lo posible, pero los nervios nos pasaron una mala jugada y la verdad es que los dos dormimos fatal.

 

El día de la carrera:

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Nos levantamos muy temprano, a las 5:00, porque nuestro transporte en ferry salía a las 6:40 del sur de Manhattan, nosotros estábamos en Columbia University y teníamos que llegar hasta allí en metro. En el metro había muy poca gente cuando llegamos, a destacar un tío tocando la guitarra que sacó dinero de un calcetín para darle una propina a un homeless y un asiático que iba vestido para la carrera (sin nada de abrigo y harían unos 5ºC) que iba estudiando unos apuntes, increíble! Aprovechamos la espera para comernos unas magdalenas energéticas que habíamos cocinado la noche anterior, arriesgamos mucho porque nunca las habíamos probado y podían habernos sentado mal, pero creo que nos sirvieron de ayuda en la carrera. A medida que pasábamos paradas de metro se iban llenando los vagones, nos íbamos acercando a la estación de South Ferry y se notaba.
Cuando llegamos a la estación del ferry a Staten Island nos dimos cuenta de la cantidad de gente que iba a correr la carrera, era impresionante, ¿cómo iban a conseguir que toda esa gente, y la que faltaba por llegar, llegase a tiempo a la carrera? Pues me tengo que quitar el sombrero con la organización, porque prácticamente no tuvimos ni que esperar, abrieron las puertas de entrada al ferry y aquello se fue vaciando rápidamente y ya estaba llegando otro ferry para la gente que se quedase fuera.
En el trayecto en ferry aprovechamos para ver el skyline de la ciudad, la estatua de la libertad, comer otra magdalena e hidratarnos un poquito. Al bajar del ferry nos dimos cuenta de lo mal que lo íbamos a pasar hasta que empezase la carrera, porque todavía quedaba mucho tiempo y hacía mucho frio y había mucha humedad, aunque aún quedaba un rato de calorcito porque teníamos que coger un autobús hasta la zona de salida.

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Cuando llegamos a la zona de salida nos quedamos impresionados con el despliegue de seguridad que hacen para la carrera, tuvimos que pasar hasta por arcos de seguridad en los que te cacheaban. Ya habíamos llegado, “sólo” nos quedaba esperar unas 2 horas al calorcito hasta la carrera así que nos tumbamos en el césped a descansar. Aquí también había gente de todo tipo, desde los que iban abrigados como si fuesen a una expedición por el polo norte hasta los que estaban en pantalón corto y tirantes. Cada uno pasaba el tiempo como podía, había gente que incluso leía libros, nosotros nos entretuvimos observando a la gente, estirando un poco, aplicándonos geles para calentar las piernas y pasando por los baños a deshidratarnos en varias ocasiones.

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Pero se acabó la espera, llamaron a nuestra tanda de corredores, y nos acercamos a nuestro “corral”. Ahora sí que los nervios estaban a flor de piel, nos quitamos toda la ropa de abrigo que nos sobraba para la carrera y decidimos quedarnos por el momento con los guantes y el gorro de lana para no quedarnos fríos.
La carrera:

Tras el himno de estados unidos se oyó el pistoletazo de salida y empezó a sonar el New York New York de Sinatra….

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Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.500 veces en 2013. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 42 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Soy consciente de que he estado los últimos meses quejándome de mi escasa preparación, mi baja forma, mi alto peso… tanto que por momentos quizás haya podido hasta parecer que trataba de dramatizar para dar más mérito y epicidad a mi futuro éxito.

Pero os aseguro que no es así. Ha sido una preparación lamentable por muy diversos motivos (lesiones, sobrepeso, motivos personales…). Lo cierto que desde hace unas semanas ya me había dado cuenta de que terminar la carrera sin andar iba a ser muy complicado. La última lesión de tobillo me había frenado en mi mejor momento, y a falta de un mes para la carrera me encontraba con que había hecho poquísimos kilómetros y ninguna tirada larga. Decidí hacer un último esfuerzo, entrenar fuerte para recuperar parte del tiempo perdido, pero hoy, a falta de sólo 2 semanas para la carrera, soy consciente de que no me bastará con los 2 cojones de Bilbao de los que Gaizka y yo tanto alardeamos para terminar. Voy a necesitar también un milagro.

Como sabéis, en verano tuve que parar de correr un par de semanas por los problemas de rodilla que venía arrastrando desde semanas atrás. Dediqué ese tiempo a hacer bici y natación, además de aprovechar para adelgazar. La verdad es que me vino muy bien: las rodillas, aunque con ligeras molestias, mejoraron mucho y aunque parezca raro mi estado de forma corriendo mejoró gracias a los otros 2 deportes.

Pensaba que con eso me había olvidado de los problemas de rodilla y de hecho así fue las semanas siguientes. Pero estaba engañado: las rodillas me aguantaron porque en ningún momento las forcé: primero compatibilicé los entrenos corriendo con los de bici y natación para preparar el triatlón, y luego, cuando estaba empezando a entrenar fuerte, vino la lesión de tobillo que me tuvo 10 días parado. Con eso fui dando involuntariamente un descanso a las rodillas que consiguió disimular durante unas semanas su verdadero estado.

Ha sido a la vuelta cuando, tras 2 semanas de entreno bastante intenso, han vuelto los dolores de rodilla hasta un punto insoportable. La semana pasada estuve en un fisio. Me dijo que lo único que podía hacer por mí es aconsejarme que no corriera. Después fui a la bruja de Jaca, a quien los asiduos al blog ya conoceréis, ya que el año pasado acudí a ella curarme una lesión de tobillo. Con esa mujer pasa algo extraño: te cura temporalmente. Lo juro, salí de allí sin notar el dolor de rodilla. Me tocaba con la mano en puntos en los que antes de entrar me provocaba un dolor insoportable, y no notaba nada. Pero 2 días después ya me empezó a molestar otra vez. Y hoy… al levantarme de la cama, y aunque he estado 3 días sin correr, he notado un dolor horrible. Me duele al levantarme de una silla, al bajar o subir escaleras, al agacharme… estoy destrozado.

Así que me quedan 2 opciones:

O sigo entrenando lo que me dejen las rodillas, porque realmente lo necesito, y llego a New York algo más en forma, pero me tengo que parar en el km. 20 (siendo optimistas) porque tengo las rodillas destrozadas.

O paro de correr estas 2 semanas, haciendo bici y natación a saco para al menos ganar algo de resistencia aeróbica y llegar con las rodillas medio bien.

Creo que la segunda es la más inteligente. Es muy remoto que pueda acabar el maratón entero corriendo, pero al menos lo podría acabar andando. Es más, aunque sea casi utópico, quizás yendo a un ritmo lo bastante bajo y sufriendo como nunca antes, pueda acabarlo corriendo. Ése es mi reto, y la promesa que lanzo desde aquí: si en algún momento decido parar y acabar andando, será porque no quede un gramo de fuerza en mi cuerpo y me sea materialmente imposible continuar levantando las piernas.

A la vuelta os lo contaré. En cualquier caso, voy preparado para vivir un auténtico calvario, pero no me asusta. ¡¡Con 2 cojones!!

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Supongo que al leer el título del post muchos esperaréis que empiece la entrada con un tono pesimista. No va a ser así. Voy a empezar diciendo que me he enamorado del triatlón. Ya durante la preparación comencé a pensar en la posibilidad de seguir entrenándolo después del maratón de NY, y tras estrenarme el sábado en este “trideporte”, estoy seguro de que será la primera de las muchas veces que me lance al agua con el mono de triatleta.

Su preparación es mucho más amena y por supuesto menos dañina para el cuerpo que únicamente la del running, y tanto para el cuerpo como para la mente supone un reto y por lo tanto una preparación muy superior.

Y como me gusta plantearme metas altas, desde aquí anuncio la próxima que me marco: algún día, aún no sé cuándo, correré un Iron Man.

Antes de pasar a relataros mi historia en esta prueba y para que tengáis una idea más exacta de cómo llegábamos Gaizka y yo a la línea de salida, es importante que os cuente que el día antes del triatlón hicimos una vuelta de reconocimiento al circuito de ciclismo, al cuál había que dar 2 vueltas. Las noticias que teníamos es que, a pesar de ser un triatlón de montaña, en realidad se trataba de un circuito por pistas, con bastantes cuestas, pero sin dificultades técnicas ni suelos complicados.

Lo que nos encontramos no fue eso exactamente: caminos estrechos, árboles que nos hacían agacharnos para no tocar con la cabeza sus hojas, baches enormes en cuestas en las que se bajaba a velocidades elevadas… y como premio final una cuesta de unos 50 metros que parecía una pared. Divertidísimo, pero algo más complicado de lo que habíamos previsto. Y para mí, que esperaba cimentar mi clara victoria en la parte de ciclismo, un problema añadido: en unas bajadas tan técnicas Gaizka tenía ventaja por su experiencia en motocross. Es por esto que bajé mis expectativas de sacar a Gaizka unos 10 minutos en la bicicleta a sólo 5. En cualquier caso más que suficiente para ganarle, ya que esperaba llegar a la par en la natación, y corriendo en el peor de los casos podría sacarme 2 minutos (medio minuto por kilómetro).

Todo este optimismo desmesurado me duró sólo 30 segundos el día de la prueba. Pero volvamos 30 segundos atrás, al momento en que se dio la salida a nuestra tanda de la natación: mi mayor miedo, como ya comenté en la última entrada, era que me entrase agua en las gafas durante la carrera, y en concreto, me aterrorizaba que las gafas se me pudiesen caer al tirarme al agua de cabeza. Pero no, me tiré con cuidado, di las primeras brazadas y… todo en su sitio.

Ahí, tan prontito, terminaron las buenas noticias de mi participación en esta primera parte de la prueba. Unos metros después, cuando aún intentaba acostumbrarme a nadar en un agua absolutamente sucia en el que era imposible ver nada, comencé a recibir manotazos en mis piernas desde atrás y a hacer yo lo mismo con las piernas de quien me precedía (yo pensaba que el delante era Gaizka, pero luego hablando con él resulta que era el de atrás). El caso es que, entre los golpes, la nula visión, y ver tan absolutamente lejos la primera boya, comencé a agobiarme tal y como Gaizka nos relató que lo había hecho en su estreno en el triatlón. Lo malo es que, a diferencia de él que consiguió reponerse más o menos pronto, yo no me encontré cómodo hasta los últimos 100 metros. Esto supone un total de 650 metros pasando una agonía tremenda, quizás superior incluso a la de los 2 últimos e infernales kilómetros del maratón de Bilbao. La sensación de estar en medio de la nada, con gente pasando golpeándote a tu alrededor, con muchas dificultades para respirar… fue un auténtico infierno, que sólo pude superar nadando de espaldas en algunas fases de la prueba e incluso parándome en algunos puntos en los que hacía pie.

Fueron momentos muy duros, tanto anímica como mentalmente, en los que he de reconocer que di por perdida la apuesta con Gaizka, asumiendo que perdería más de 5 minutos en la llegada de la natación. Y, sinceramente, no me importaba: lo único que deseaba era llegar al pantalán y empezar a correr hacia la zona de transición para coger la bici.

La cosa tampoco mejoró demasiado al poner los pies en el suelo y recorrer los 100 metros hasta la zona de transición: me costaba respirar, como si los pulmones me hubieses encogido, e incluso tuve un par de amagos de subírseme los gemelos.

Al llegar a la zona de transición, por supuesto la bici de Gaizka no estaba. Eso significaba que como mínimo me sacaba 2 minutos, que son los que aproximadamente tardaría él en hacer la transición. Pero, como os contaba antes, yo calculaba que serían más, quizás 5. Había memorizado todos los pasos a realizar en la primera transición, a fin de no perder tiempo en esta parte: quitarse las gafas y el gorro de natación, ponerse calcetines y zapatillas, el cronómetro, el dorsal, el casco de bici… pero tomé una decisión que, visto lo visto, creo que fue muy acertada: decidí tomármelo con absoluta calma, sin prisas, respirar, tranquilizarme… como luego os detallaré al hablar de los tiempos, acabé perdiendo más de 1 minuto con Gaizka en esta parte. Pero repito que doy ese minuto por bien empleado.

Efectivamente, comencé la parte de bici mucho más tranquilo y con la respiración más relajada. Eso sí, las piernas no me respondían como sí lo habían hecho el día anterior en el reconocimiento del recorrido. Esas cuestas en las que Gaizka se atrancaba mientras yo tiraba con fuerza y le rezagaba, ahora se me hacían igual de duras que a él. Decidí, de nuevo con buen criterio y sabiendo que se trataba de una prueba muy larga, esperar con tranquilidad a que mi cuerpo respondiese mejor. Me uní a un grupo que avanzaba en fila a ritmo constante y les seguí. Quizás podía haber ido un poco más fuerte, pero prefería reservar.

Y llegó mi momento: aproximadamente en el kilómetro 5 había una cuesta preciosa, muy corta pero muy empinada, que ya el día anterior comprobé que si venías fuerte y apretabas de pie sobre la bicicleta, la podías subir del tirón sin cambiar de piñón. Así, adelanté por la izquierda a gran parte del grupo que me acompañaba, mientras ellos se retorcían para subirla. A partir de ahí, supongo que en parte por razones físicas, pero también por un subidón anímico, comencé a sentirme mucho mejor. Dejé rápidamente atrás al grupo y comencé a adelantar gente. A partir de entonces, y hasta terminar la primera vuelta, sólo me adelantaron los primeros clasificados, que, habiendo salido bastante antes en la natación, ahora nos doblaban.

Así llegué al final de la primera vuelta, fuerte como un toro y con la moral renacida. El inicio de la segunda vuelta era el punto que habíamos planificado Gaizka y yo para realizar el avituallamiento (vamos, beber un poco de Gatorade que llevábamos en el botellín). Había una recta llana, y era de los pocos puntos de la carrera donde podía hacerse sin perder demasiado tiempo. Para entonces había recuperado un poco la confianza en poder alcanzar a Gaizka. Sería seguramente para el final de la segunda vuelta, y no permitiría cogerle tiempo suficiente para evitar que me adelantase en la carrera a pie, pero al menos me daría el gusto de adelantarle.

En estos pensamientos andaba con la botella en la boca, cuando divisé unos 60 metros por delante a alguien con la misma poca pinta de ciclista que Gaizka y con un mono del mismo color. Coloqué el botellín en su sitio y aceleré hasta acercarme lo suficiente como para ver su dorsal. Efectivamente, era Gaizka. Cálculo rápido: le he sacado mínimo 2-3 minutos en esta vuelta, posiblemente más. Si le saco lo mismo en la segunda vuelta, ni de coña me lo recorta corriendo. Cogí de nuevo el botellín y me bebí todo el líquido. Sabía que a partir de ahí empezaba una contrarreloj de 10km., sin tiempo para mirar atrás ni para beber nada. Aceleré, paré un poco a su lado para preguntarle qué tal estaba. No hizo falta que me dijera que bastante mal para que yo notara que iba destrozado. Aceleré y salí disparado comenzando mi nueva carrera de 10km. en bici y 4 a pie. Miré para atrás un par de veces, por si había cometido la inconsciencia de intentar seguirme. Pero no, ni siquiera tenía fuerzas para eso.

Los siguientes kilómetros los disfruté como un enano: a tope de fuerzas y moral, fui adelantando gente como si fueran niños andando en triciclo. En ese tramo, ya sin los líderes doblándonos, no me adelantó nadie. Subía fuerte, bajaba a tope… hasta que la mala suerte me puso una piedra en el camino. Afilada, supongo, porque la muy cabrona me pinchó la rueda. Pregunté a un competidor que me adelantaba cuándo faltaba. Entre 6 y 7 kilómetros me dijo. Mi cerebro se paró durante un segundo para pensar: “¿Me retiro y doy la vuelta, ya que tengo la meta más cerca por aquí o sigo con la rueda pinchada?”. Creo que me conocéis lo suficiente como para que no haga falta que os de la respuesta. Nuevas dudas: ¿voy andando con la bici a cuestas, llevándola con la mano, o directamente me subo en ella y pedaleo? Tras algunas pruebas me di cuenta que pedalear era la mejor opción. Aunque eso sí, suponía esforzarme el doble para avanzar la mitad (pasé de ir a una media de más de 20 K/h a unos 12).

Es muy duro ver cómo te van pasando sin remisión esos a quienes tú has pasado previamente. Más aún a aquellos, generalmente aquellas pero también algún chico como Gaizka, que ves que te pasan realmente lentos, pero con la velocidad suficiente como para que tú no puedas hacer nada. Pero seguí pedaleando, a pesar de que muchos participantes y organizadores me decían que parara porque iba a destrozar la rueda. “¡Que le den por el culo a la rueda! He venido aquí a terminar, no a retirarme como una nenaza”.

Por fin llegué a la zona de bajada. ¿Por fin? En mal momento deseé que llegara. Si llanear y subir era un suplicio, bajar era directamente imposible: la rueda de atrás (que era la pinchada) se deslizaba a ambos lados como si fuese sobre hielo. Así que tuve que usar 2 tácticas, en función del tipo de bajada: si no era de mucha pendiente, bajaba encima de la bici, con los pies a los lados para prevenir una posible caída, y soltando el freno para ir poco a poco avanzando. Si la bajada era más empinada, directamente me echaba la bici al hombro y bajaba como podía. Todo eso vigilando mi espalda, porque la mayoría de las bajadas eran muy estrechas, y tenía que estar atento por si venía alguien detrás de mí a toda velocidad, para apartarme y dejarle pasar. En fin, una odisea.

Pero todo, hasta lo malo, llega a su fin, así que después de un ratito más largo del esperado aparecí de nuevo en la zona de transición, esta vez para dejar la bici y el casco y echar a correr. Por supuesto, Gaizka ya no estaba allí. De hecho yo daba por hecho que estaría unos 15 minutos por delante de mí, a punto ya de finalizar la segunda vuelta del running y de entrar en meta.

La carrera a pie fue bastante descafeinada. Me costó mucho encontrar la motivación para correr en vista de las circunstancias, pero lo hice al llegar más o menos al primer kilómetro. Antes de la prueba me había propuesto correr a 5 minutos el kilómetro, algo que, en mi actual pobre estado de forma, sería un buen tiempo. ¿Por qué no intentarlo ahora con mayor mérito teniendo en cuenta la tralla que llevaban mis piernas y mi moral? Miré el crono GPS: 5:15. A apretar. Acabé la primera vuelta a 5:08. Era posible. El tercer kilómetro volvía a ser en ligera subida, como el primero, y me costó bajar. 5:05. Entonces, en el último kilómetro, me adelantó un chaval (sólo me adelantaron 2 en el running) que llevaba un ritmo bueno, no excesivo. Le dije que si no le importaba hacerme de liebre, y accedió encantado. Siguiendo su estela conseguí acabar la carrera a 4:50 según el crono de la organización (yo no paré el mío, aunque me parece que no fui tan rápido, quizás fuesen algo menos de 4km.). Por fin había terminado. Había sido duro, pero maravilloso. Volveré a retarte, triatlón, y vendré más preparado y afortunado.

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A diferencia de las carreras corriendo, en un triatlón al acabar no tienes ni idea del tiempo, ni el puesto ni nada. Se hacen un montón de salidas distintas, y salvo que lleves cronómetro de agua, esa parte no la puedes cronometrar, así que ni Gaizka ni yo sabíamos exactamente la diferencia, ni cómo lo habíamos hecho en cada parte. Ya ha salido la clasificación, así que os lo resumo:

Natación:

Gaizka hizo 18:17, con lo mejoraba 30 segundos el tiempo de su primer triatlón. Yo hice 20:23, por lo que en realidad sólo perdí 2 minutos en esa parte. Bastante menos de lo que había imaginado. Un resultado malísimo en cualquier caso habida cuenta de todo lo que había entrenado.

Eso sí, como ya he adelantado antes, entre las 2 transiciones perdí 1 minuto y 17 segundos. La mayoría sería en la primera, así que salí a la bici con 3 minutos de retraso.

Ciclismo:

El dato del ciclismo es revelador: a pesar de haber pedaleado y andado casi 7 km. con una rueda pinchada, Gaizka sólo me sacó 1 minuto en esta parte. ¡Patético!

Running:

Otra buena noticia para mí: con las rodillas como las tengo y mi escasísima preparación corriendo, fui capaz de ganar a Gaizka en la carrera a pie. Sólo 6 segundos, pero, cómo duelen, ¿verdad, Gaizka?

Lo cierto es que este resultado corriendo me confirma lo que ya venía sospechando semanas atrás: el enorme volumen de entreno que he hecho de natación y bici, sobre todo durante el parón obligado de 15 días de correr, me ha puesto muy muy en forma a nivel cardiovascular. Ahora sólo falta lo que en realidad es más importante cara a un maratón: ser capaz de aguantar 4 horas masacrando a mis piernas con el enorme peso de mi cuerpo. Para ello sólo hay un entrenamiento: correr, correr mucho y correr más. Sabéis que lo haré. 12 horas después de terminar el agónico triatlón que os acabo de relatar, salía a trotar 10 km. bajo un sol de justicia por la urbanización en la que vive Gaizka. Siro, sé que es una locura y que me arriesgo a una lesión. Pero necesito acumular kilómetros como sea.

Triatlón:

En total, Gaizka me sacó 4 minutos y medio. Que cada cual saque sus conclusiones…

Para acabar, me gustaría felicitar a mi rival. No por su victoria, a todas luces inmerecida, pero sí porque, aunque es cierto que tenía la ventaja de la experiencia en triatlón (muy útil sobre todo en la natación), y de que su estado de forma era infinitamente superior al mío hace 2 meses (yo partía prácticamente de 0 y con un enorme sobrepeso), tiene mucho mérito nadar y andar en bici como lo hizo con tan poca preparación. En un triatlón de este tipo la bici es la auténtica clave, y él ni la había tocado hasta el último día. Esto, a pesar de que parece que partía como favorito en las apuestas (esto deja claro el escaso criterio de nuestros lectores 😉 ), hacía que fuera totalmente imposible que me ganase, salvo un imprevisto como el que finalmente ocurrió. Pero precisamente ahí radica su mérito: atreverse a afrontar un reto de este tipo casi sin preparación, superando además con nota la parte de natación, y no llegando al ridículo (aunque sí rozándolo), en la bici. Tirón de orejas, eso sí, en el running. Creo que voy a volver a humillarte en el maratón, veo que por más ventaja que te deje nunca podrás llegar mejor preparado que yo.

Espero que, al igual que a mí, le haya picado el gusanillo del triatlón, y la próxima primavera podamos volver a retarnos, pero esta vez en igualdad de condiciones, y con la fortuna equilibrada.

Ya queda menos para NY. Sólo 6 semanas. ¡¡Allá vamos!!

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Recogiendo el guante lanzado por mi hermano en su entrada en el blog, os voy a contar mis sensaciones de cara al Hitachi MTB Triatlón del próximo sábado.

A diferencia de Óscar, yo me he centrado casi en exclusiva en el running, llevo varios cientos de km a mis espaldas y teóricamente será mi punto fuerte, cómo voy a disfrutar adelantando a Óscar en lo que debería ser nuestra especialidad.

La bici ni la he tocado a día de hoy (sigo sin tener), mañana y el jueves haré algo de bici estática en el hotel para engañar a las piernas y el viernes iremos a reconocer el circuito de la carrera, así que en principio este será mi punto débil, trataré de pillar una buena rueda en la carrera y haré valer mis dotes de profesional del enduro arriesgando en las bajadas…

Respecto a la natación, visto el mal rato que pasé la última vez, he decidido dedicarle algo más de tiempo, pero poco, he ido 3 días a la piscina, sumando un total de 2,5 km. Esta vez voy con menos miedo a esta parte de la prueba, aunque no sé si esto será bueno…

Como veis, mi preparación no difiere demasiado de la del triatlón del pasado junio aunque si es cierto que estoy bastante más en forma y con menos peso.

Esperemos que la experiencia de haber terminado ya un triatlón y mi espíritu competitivo hagan que salga victorioso de este nuevo reto, porque, como no podía ser de otra manera, ya hay una apuesta entre Óscar y yo. El perdedor tendrá que pagar una cena con Long Island Ice Tea de postre en New York después de correr el maratón.

¡¡¡Hagan sus apuestas!!!

 

 

 

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